Antes bien creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A El sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad"

2°PEDRO 3:18

NUESTRO CORAZON Y NUESTRA ORACION CON EL PUEBLO JAPONES

25.5.10

“Id, y haced discípulos a todas las naciones”

J. Driessen

(Mateo 28:19).

“He aquí va delante de vosotros a Galilea”

(Mateo 28:7).

En el norte del país, en Galilea de los gentiles, el Señor ha permanecido casi la totalidad del tiempo que ha estado sobre esta tierra. Primero en Nazaret, más tarde en Capernaum. De allí era también la mayor parte de los discípulos.

Allí habló el Señor la mayoría de Sus palabras e hizo también la mayor parte de Sus milagros. Tampoco es extraño que el corazón de los discípulos se sintiese cerca de aquella tierra, y sobre todo porque el Señor les había prometido que allí se les aparecería después de su resurrección. El Espíritu despertó en sus almas la necesidad de ver al Señor y estar con Él. Cuando el Pastor fue herido, las ovejas fueron dispersadas. Pero porque el Pastor los busca, también ellos buscan al Pastor, para permanecer unidos a Él. Los hijos de Dios pueden vagar como ovejas perdidas, que inconscientemente pierden a su Pastor, pero, sin embargo, el corazón siempre les arrastra nuevamente hacia el Pastor, porque el amor de Dios ha sido derramado en sus corazones por el Espíritu Santo, que les fue dado. Y en las tierras de Galilea abrió el Señor Su testamento para los discípulos. Un testamento con ricas promesas, pero también con un importante encargo: “Id, y haced discípulos a todas las naciones”.

¿Es esta una tarea para la que ellos están preparados?

Ellos no son más que sencillos pescadores. Apenas han visto algo del mundo. No saben idiomas, y todavía tampoco saben que el Señor un día les puede enseñar por medio de Su Espíritu.

¿Y qué pueden enseñar ellos? Incluso solo tuvieron tres años de enseñanza, y qué tardos fueron para comprender. Y sin embargo, tuvieron la mejor escuela que se puede imaginar, ya que el Señor

Mismo les enseñó, y la enseñanza que Él les dio, ha penetrado en su alma. Así lo que ellos oyeron y vieron, lo tienen que transmitir a los demás. “Id, y haced discípulos a todas las naciones”.

Con este mandato son enviados los discípulos por el Rey viviente. ¿Qué pueden hacer estos incultos galileos en ese piadoso mundo judío y en el mundo de la �� losofía griega? Si el Señor no les hubiera dicho: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18), podían quedarse en casa. Pero ahora el Señor va con ellos, y Él abrirá corazones, donde no se lo esperen.

Él por el poder del Espíritu Santo va hacer las almas sensibles a la Palabra, que ellos hablen, y a la enseñanza que ellos ofrezcan. Todos los poderes de la tierra juntos no tienen capacidad para convertir un pecador a Dios. Pero el poder, el poder divino del Mediador es su�� ciente para llevar la enseñanza de la Palabra hasta el corazón, de forma que vamos a creer a Dios en Su Palabra.

Vamos a creer que somos pecadores. Vamos a creer que hemos merecido castigos temporales y eternos. Y, milagro de la gracia, el Rey viviente nunca hace un trabajo a medias. Porque donde Él nos hace inclinar ante la sentencia de la Palabra, allí también nos hace ansiosos de la enseñanza absolutoria, según la salvación en Él, Quien vino para buscar y salvar lo que estaba perdido. No, el Señor no tiene necesidad de nosotros. Pero precisamente por eso es un honor, que Él te quiera comprometer con su Obra en el lugar donde Él te ponga: en la escuela, en el trabajo entre los colegas, como padre o madre en la familia, tal vez en una cama de enfermo o con una cruz muy importante, mientras al mismo tiempo eres un luchador ante el trono de Su gracia. Y donde realmente vivamos como creyentes, allí el mundo en el que nosotros vivimos lo notará. Entonces se verán los frutos de la fe y la conversión por la gracia de Dios.

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