Antes bien creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A El sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad"

2°PEDRO 3:18

NUESTRO CORAZON Y NUESTRA ORACION CON EL PUEBLO JAPONES

10.4.11

NUESTRA CIUDADANÍA ESTÁ EN LOS CIELOS

(Filipenses 3:12-21)

Mensajes sobre la Carta a los Filipenses

INTRODUCCIÓN: La palabra “ciudadanía” viene de una raíz griega llamada “politeuma”, que es la referencia para un estado o conjunto entero de gente que constituyen una nación y sus intereses en común. Pero el significado más cercano se aplica a personas que eran residentes en una ciudad extranjera mientras su ciudadanía y lealtad estaban en otro lugar. Cuando Pablo eligió esta palabra se ubicó en su contexto geográfico-político. Los filipenses eran ciudadanos romanos. Aquel lugar era escogido por los oficiales jubilados, así como otros soldados para el merecido reposo del trabajo cumplido. La ciudad era mejor conocida como el lugar de residencia para el “Senatus Populas Que Romanus (la gente y el senado romano). Por otro lado, Filipos era una ciudad distinguida por sus avances y los logros del imperio. Muchos preferían vivir en esa región por las excelentes ventajas que ofrecía. Pablo toma este contexto para decirle a los filipenses que aun cuando ellos pudieran sentirse muy bien en Filipos, su ciudadanía no estaba en otro lugar. Aunque pertenecían al imperio romano, ahora eran ciudadanos del reino de los cielos. La declaración de Pablo pone de manifiesto la verdad insoslayable, que el creyente nació en Cristo para ser ciudadano de la patria celestial. Las ciudadanías terrenales son temporales; algunas hasta se pierden. Pero vea lo que nos dice la Biblia sobre la ciudadanía celestial: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (Hebreos 11:13-16). Descubramos cuál es la naturaleza de esa ciudad, de esa patria, de esa ciudadanía.

I. HAY UNA CERTEZA SOBRE EL DESTINO FINAL DE LOS SANTOS v. 20

1. Somos peregrinos y extranjeros en la tierra. Este es uno de los temas más interesantes de nuestra salvación. Ahora tenemos un “pasaporte” que tiene en su portada el emblema: “República del Cielo”. Con este “pasaporte” transitamos nuestros días sobre la tierra. Esto es así porque no somos de este mundo, como bien lo dijo Cristo. Somos peregrinos y extranjeros. Nuestra vida acá se asemeja a la de Abraham, quien vivió en tiendas de campañas, de quien se dice que no tuvo una patria fija: “Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:9, 10). Esto significa que no debiéramos apegarnos mucho a este mundo “porque el mundo pasa y sus deseos”. Evitemos acostumbrarnos al lugar donde vivimos para que no nos pase como a la mujer de Lot, quien por haberse apegado tanto la ciudad de Sodoma, terminó convirtiéndose en estatua de sal. Pedro nos recomienda a: “Conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación.”(1 P. 1:17). No viviremos para siempre en esta tierra.

2. Nuestra ciudadanía está en los cielos. ¿Qué implica esto? Hay una certeza al saber hacia dónde vamos cuando este “tabernáculo terrestre” se deshiciere. Significa que ya estamos registrados en el “libro de la vida del Cordero”. Que ella la obtenemos al mismo instante cuando conocemos al Rey de ese lugar, nuestro Señor Jesucristo. Esa ciudadanía nos confiere todos los derechos de vida y de privilegios que solo serán posibles en tan inigualable Patria. Será una Patria ausente de todos los males de este mundo, pues de acuerdo a la descripción hecha por Juan, allí no habrá llanto, ni dolor, ni tristeza y tampoco habrá muerte. Pero es una ciudadanía con demandas. Un extranjero piensa en su patria. ¿Anhelo todos los días esa patria celestial? Como ciudadanos del cielo hablamos diferentes. ¿Pueden los demás reconocer que hablamos el idioma del cielo? Un extranjero, a pesar de los años fuera, añora la patria de donde vino. ¿Nos sentimos cómodos en este mundo? Así como nos interesan las noticias de nuestro país, para oírlas o leerlas, debiera gustarnos leer las noticias del cielo. Y sobre todo, como ciudadanos de ese lugar debemos saber que ahora somos miembros de la familia de Dios (Ef. 2:18)

II. HAY UNA SENTENCIA PARA LOS QUE RECHAZAN ESA PATRIA vv. 18, 19

1. Los que piensan solo en lo terrenal. Pablo sabía que muy cerca de sus hermanos filipenses había un grupo de gente que no solo estaban cuestionando su apostolado, sino que se habían constituido en “enemigos de la cruz de Cristo”. La característica principal de los tales era que solo pensaban en las cosas terrenales. Para ellos su “dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza”. Todo lo que rodeaba sus vidas era terrenal y mundano. Eran esclavos de sus propios deseos. Prestos siempre a complacer todos los apetitos de su carne, haciendo de ella su “dios”, a quien le rendían pleitesía. Pablo dice que para quienes consideran aquello como su gloria, eso mismo llegaría a ser su propia vergüenza. Cuando alguien desprecia el cielo, porque solo piensa en lo terrenal, todo lo que hace, dice o piensa, tiene una sola naturaleza: la terrenal. Los tales, lo único que poseen es la ciudadanía terrenal. Lo único que añoran es complacer sus deseos terrenales.

2. El fin de los cuales será perdición. No podrá haber otro resultado para los que rechazan la gracia y la paciencia de Dios. No podrá alguien esperar alcanzar la ciudadanía celestial cuando en este mundo lo único que hizo fue menospreciarla. Para esto es bueno recordar quienes estarían excluidos de esa ciudadanía. Cuando Juan vio y oyó todo el asunto de los redimidos, y su estancia en los cielos, dijo: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Acp. 21:27). Y al final, después que describió las características de la santa ciudad, dijo: “Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira” (Acp. 22:15). No es cierto el dicho que “para el cielo vamos todos”. Jesús lo dijo de una manera muy solemne: “Si no os arrepentís, pereceréis igualmente”.

III. HAY UN LLAMADO PARA PROSEGUIR ALCANZANDO ESA META vv, 12-14

. La actitud que debe prevalecer en la carrera. Por un lado está el reconocimiento que todavía no hemos llegado al objetivo, a la meta que nos trazamos. Al hablar Pablo de la meta no está por cierto tocando el asunto de la salvación y la ciudadanía del cielo, pues ya eso lo había logrado. Su preocupación era respecto a su entrega y servicio al Señor. Él reconoce que todavía hace falta mucho, pero va en esa lucha. Para ello hace tres cosas que todos deberíamos hacer: olvidarse, extenderse y proseguir v.12. Los ciudadanos de esa Patria no podemos hacer menos que esto. Aquí hay un asunto que debe ser comentado. Si este gigante en la fe llega a esta conclusión, ¿no deberíamos nosotros revisar nuestro caminar hacia esa meta? Pablo, quien ahora está viviendo en el Señor tiene tantas razones para quedarse celebrando, pero prefiere olvidar lo que queda atrás. Las cosas del pasado son los peores obstáculos para avanzar hacia el futuro. Al final de esa meta hay un premio. Pablo no lo espera aquí. Ese premio está en el cielo.

2. Sigamos la misma regla…sintamos una misma cosa. Pablo se daba cuenta de lo fácil que pudieran los hermanos de filipos ser engañados por los “enemigos de la cruz”. Por lo tanto procede a animarles a que no cedan frente las presiones, y a su vez a seguir en lo que han sido instruidos. El evangelio tiene reglas que no pueden ser cambiadas. Esas reglas forman parte de las distinciones de los ciudadanos del reino celestial. Hay un llamado a la unidad de sentir lo mismo. Bien es cierto que hay asuntos donde podemos discrepar, pero en nuestra ruta a la Patria celestial, que plantea el reto de trabajar juntos, no podemos actuar aislados. “Perfectos en unidad, para que el mundo crea”, dijo Cristo. Para esto es importante el testimonio. El punto es llegar a donde llegó Pablo de pedir que fueran imitadores de él, por cuanto él lo era de Cristo. He aquí el reto de esa meta.

IV. HAY UNA PROMESA QUE ACOMPAÑA LA SEGUNDA VENIDA v. 21

1. Con la venida de Cristo nuestro cuerpo cambiará de figura. Los ciudadanos de la patria celestiales necesitan de un cuerpo apropiado para ese lugar. Por cuanto en el cielo no lo hereda ni carne ni sangre, es necesario que haya una transformación. Note que la primera cosa que hará el Señor en su segunda venida es transformar este cuerpo de humillación en un cuerpo nuevo, apto para aquella vida. Esta es una de las grandes noticias que traerá la venida de Cristo. Este cuerpo que se envejece, se enferma, es tentado y muere, será transformado para habitar el cielo.

2. Será un cuerpo semejante al de Cristo. Cristo tomó una naturaleza semejante a la nuestra. Cuando el resucitó los discípulos le reconocieron. Con ese cuerpo fue levantado al cielo y ahora está allá en un estado glorificado. Cuando venga en su segunda venida le veremos con ese cuerpo. El texto dice que nuestro cuerpo será semejante al de la gloria suya. ¿No es esto maravilloso? Todo eso será hecho por su poder. Un ejemplo de esto lo tenemos cuando Moisés y Elías aparecieron en la transfiguración con él, como para darnos una primicia de lo que nos espera. Pablo, al hablar de lo temporal de nuestra estadía acá y lo eterno de nuestra morada se expresó así (2 Cor 4:16-18)

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19.1.11

¿Donde están los que menosprecian sus vidas hasta la muerte?

Publicado por Luis Rodas - Verónica Vilugrón en 06:29 "Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor" (Filipenses 1:14). Versión ampliada: “Y para la mayoría de los hermanos esto ha derivado en una fresca confianza en el Señor a raíz de mis cadenas y se atreven mucho más a hablar sin temor la Palabra de Dios actuando con más libertad e indiferencia a las consecuencias” Pablo, preso en Roma, estaba haciendo el trabajo de lo que en la guerra se llama “cabeza de playa” o “cabecera de playa”. Este término se utiliza para describir cuando un grupo de unidades de combate alcanzan la costa y comienzan a atacar. Luego de estos, llegan los refuerzos. Esto mismo sucedía con Pablo. Al verlo el resto, cómo luchaba en el frente de batalla por delante de ellos, se animaban a entregar valerosamente sus vidas. El “Comentario bíblico del expositor” dice que los demás hermanos “se infectaron con el contagioso heroísmo de Pablo”. Pablo terminando su carta a los Filipenses, en la sección de saludos, escribe uno bastante especial: "Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César" (Filipenses 4.22). Aquí se puede referir a parientes del César o a trabajadores en el Palacio del César. Pablo era prisionero del César, pero al hacerle prisionero en Roma estaba introduciendo en el corazón del Imperio a alguien que ahora tenía la oportunidad de predicar aun a la misma casa del César. Y por lo visto con cierto éxito. Pablo era un seguidor de Cristo indomable. Gordon Fee escribió al respecto: “Si le dejan suelto será de los que ‘trastornan el mundo’ (Hechos 16:7)... si le encarcelan demasiado cerca de casa, ‘trastornará la casa del César’.” (“Comentario de la epístola a los Filipenses”. Pag. 572). ¿Te imaginas lo que habrá significado este saludo para los Filipenses? Yo al menos me quedaría helado. Cuanto me habría cambiado mi perspectiva de lo que estaba viviendo Pablo. Y cuanto me habría cambiado la perspectiva de MI PROPIA vida. ¿Qué estoy haciendo? Pablo está preso y en lo único que piensa es en el "progreso del evangelio" (Filipenses 1:12) y ya está ganando gente de la misma casa del César. Los moravos Un buen ejemplo para graficar esto fueron los hermanos moravos. Algunos hermanos de Bohemia y de Moravia emigraron a Sajonia a comienzos del siglo XVIII. Ellos a causa de su ferviente oración diaria comenzaron a sentir una pasión por la evangelización en los lugares más remotos y peligrosos. El 8 de octubre de 1732 salieron los dos primeros misioneros: Leonard Dober, un alfarero, y David Nitschman, un carpintero. Ellos se fueron a las Antillas danesas en el Caribe para venderse como esclavos ya que era la única manera de entrar a esas islas y poder predicarles a los esclavos. Así enfrentaron todo tipo de oposición, hambre y enfermedad. Al tiempo, alentados por el ejemplo de estos dos de entregar sus vidas de esa manera para predicar el evangelio, el 50% de los moravos decidieron ir ellos también a los lugares más remotos a predicar el evangelio. De esta manera los moravos establecieron misiones en Groenlandia, Africa, Oriente medio, India y América del Norte, llegando a la creación de Iglesias en 18 lugares diferentes con medio millón de miembros. ¿Y los ejemplos? La realidad es que en este tiempo tenemos una escasez abrumadora de ejemplos. Hombres que no le teman a ninguna otra cosa que al Dios Omnipotente. Hijos de Dios cuya única pasión sea la de arder hasta consumirse enteramente por el Rey de los siglos, cuyas vidas "menosprecian hasta la muerte" (Apocalipsis 12:11). Que el Señor nos arranque de nuestras comodidades, tibiezas y el anhelo de ganar el respeto de otros en este mundo a través de bonitas profesiones, dinero o reputaciones. Continuemos clamando para que Dios nos siga despertando. Tomado de Cristianismo Radical

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13.1.11

La revelación divina a Pablo o el misterio que se le ha dado a conocer (vv.1-6)

En este corto pasaje Pablo utiliza tres veces la palabra “misterio”: por revelación me fue declarado el misterio (v.3) .. . podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo (v.4) . . . aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio (v.9). Es una palabra clave para nuestra comprensión del apóstol Pablo. Necesitamos entender que las palabras castellana y griega no tienen el mismo significado. En castellano un ‘misterio’ es algo oscuro, secreto, enigmático. Lo “misterioso” es inexplicable, hasta incomprensible.

La palabra griega mysterion, sin embargo, es diferente. Aunque aun es un “secreto” ya no está celosamente guardado sino a la vista. Originalmente, la palabra griega se refería a una verdad en la que alguien había sido iniciado. Más aun, llegó a usarse para referirse a las enseñanzas secretas de las religiones paganas misteriosas, enseñanzas que estaban restringidas para los iniciados. Pero en el cristianismo no hay “misterios” esotéricos reservados para una élite espiritual. Por el contrario, los “misterios” cristianos son verdades que, aunque están más allá del descubrimiento humano, han sido reveladas por Dios, y por lo tanto pertenecen abiertamente a toda la Iglesia. Más sencillamente, mysterion es una verdad escondida del conocimiento o comprensión humana, pero descubierta por la revelación de Dios.

Si ése es el significado general de “misterio” en el Nuevo Testamento, cuál es el singular secreto que fue destapado o verdad revelada, que no se dio a conocer a los hijos de los hombres pero ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu (v.5) y en forma especial a él, añade Pablo, ya que por revelación me fue declarado el misterio (v.3)

En el versículo 4 y en Colosenses 4:3 lo llama el misterio de Cristo. Así que, evidentemente, es una verdad especialmente revelada de la cual “Cristo es a la vez la fuente y la substancia”.6 Pablo declara su naturaleza exacta con fuerza y claridad en el versículo 6. Es que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y junto, el misterio concierne a Cristo y su único pueblo judeo-gentil.

A fin de definirlo más precisamente, Pablo reúne (y en un caso inventa) tres expresiones paralelas y compuestas. Cada una tiene el mismo prefijo syn, “junto con” e indica que los creyentes gentiles ahora tienen compañerismo con los creyentes judíos.

¿Qué es esto? Los gentiles son “coherederos” (synkléronoma), “cocorporales” (syssoma) y “copartícipes” (symmetocha) de la promesa. Pero estas tres palabras griegas poco usuales necesitan ser aclaradas. Lo que Pablo está declarando es que juntos los cristianos judíos y gentiles son ahora coherederos de la misma bendición, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la misma promesa. Y este privilegio compartido es tanto en Cristo Jesús (porque lo disfrutan por igual todos los creyentes, sean judíos o gentiles, si están en unión con Cristo) como por medio del evangelio (porque la proclamación del evangelio incluye esta unidad y por lo tinto la pone al alcance de aquellos que creen).

Para resumir, podemos decir que “el misterio de Cristo” es la unión Completa de judíos y gentiles unos con otros a través de la unión de ambos con Cristo. Era esta unión doble, con Cristo y de uno con el Otro, la sustancia del “misterio”. Dios se lo había revelado especialmente a Pablo, según lo expresa brevemente (v.3) en el capítulo anterior. Pero también les fue dado a conocer a los santos apóstoles y profetas por el Espíritu (v.5), y a través de ellos “a sus santos” (Co. 1:26)7 Ahora era, por lo tanto, la posesión común de la Iglesia universal.

Era una revelación nueva. Porque en otras generaciones no se dio a conocer (v.5) sino que estaba escondido desde los siglos (v.9). Estas afirmaciones han dejado perplejos a los lectores de la Biblia, porque el Antiguo Testamento ya revelaba que Dios tenía un propósito para los gentiles. Prometía, por ejemplo, que todas las familias de la tierra Herían benditas por medio de la prosperidad de Abraham; que el Mesías recibiría a las naciones como su herencia; que Israel sería dada como luz a las naciones; y que un día las naciones harían una peregrinación Jerusalén y aun “correrían” hacia ella como un río ancho.8

Jesús también habló de la inclusión de los gentiles y comisionó a sus seguidores para que fueran y los hicieran sus discípulos. Pero lo que no reveló ni el Antiguo Testamento ni Jesús, fue la naturaleza radical plan de Dios, que la teocracia (la nación judía bajo el gobierno de Dios) llegaría a su fin y sería reemplazada por una nueva comunidad internacional, la Iglesia; que esta Iglesia sería “el cuerpo de Cristo”, unida orgánicamente a él; y que judíos y gentiles serían incorporados a Cristo y su Iglesia en términos de igualdad sin distinciones. Esta unión completa de judíos, gentiles y Cristo, era lo radicalmente nuevo y Dios se lo reveló a Pablo, venciendo su arraigado prejuicio judío.9

Tomado de: John Stott, La Nueva Humanidad. El mensaje de Efesios

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1.11.10

Realidades de America Latina

Tomé, Chile - “Hace casi 30 años atrás el fenómeno de la droga en ciudades del sur del continente americano, muy especialmente de Santiago de Chile al sur del país era un fenómeno que se veía lejano y ajeno a la realidad diaria, entonces este se cernía tímidamente en las ciudades fronterizas con Perú y Bolivia, a saber Arica e Iquique. Hasta ese momento dicho fenómeno estaba ciertamente controlado y circunscrito a esas ciudades, siendo muy improbable (craso error de nuestro juicio y el de muchos) que dicho flagelo se extendiera hacia el sur de Chile.Pero cuan equivocados estábamos, ya que los poderosos tentáculos de quienes vieron en este negocio la mejor manera de ganar dinero, se extendieron inexorablemente contaminado y enfermando las ciudades una a una, de norte a sur y en menos de diez años el problema se había ramificado como un cáncer por las venas del país dañando gravemente a la sociedad a todo nivel.

Digo a todo nivel porque la droga no solo enfermó el cuerpo de quienes la consumían sino también envenenó sus mentes, trastocó sus valores y transformó el paisaje urbano de las ciudades. La tranquilidad del paseo familiar se vio amenazada y las mismas familias optaron por enquistarse en sus casas, enrejaron sus vidas con el fin de evitar al máximo la contaminación que recorría las calles al igual que la maldición de las plagas que cayeron sobre Egipto. Y de la mano de la droga se acentuó la delincuencia sin razón, aquella que roba y daña sin contemplación con el fin de obtener más droga, la que sin piedad ni consideraciones de ningún tipo nos arrebata nuestros hijos e hijas, que destruye los hogares y nos despoja de nuestros bienes.

Los gobiernos trataron de poner freno y control, pero el virus era rebelde y no descansaba y se extendió hasta la puerta de nuestros hogares; de nuestras oficinas; alienando a muchos hombres buenos, sembrando la desconfianza y la desesperación entre quienes vieron invadida su tranquilidad al ver afectado a un familiar cercano. La droga llegó a nuestras puertas y golpeó fuertemente, reclamando un espacio que no le correspondía pero que ocupó por la fuerza, transformando a una sociedad débil de carácter, y la corrompió y esclavizó hasta transformarla en una sociedad egoísta, individualista y cruel.

Las leyes del mercado exacerbaron estos defectos y los elevaron hasta hacerlos parte de los requisitos para una vida de éxito, no se podía ser más si no se pisoteaba al que estaba al lado, si no se aprovechaba la creatividad ajena y se mal pagaba la mano de obra. No había éxito si no se procuraban utilidades en las empresas minimizando los beneficios de los trabajadores; si no se presionaba a los parlamentarios para que aprobaran leyes que iban en directo beneficio de los que tenían el poder económico por sobre los derechos de lo trabajadores.

Es en este contexto cruel e impersonal que nuestros jóvenes llegan al mundo, y en esta alienación se han visto obligados a bregar para salir a flote, para avanzar y triunfar ante la adversidad; más encima, estando en esa condición deben estar atentos a que nadie venga y les amenace literalmente con un arma en la cabeza.

En realidades como esta, el caso de Katy Perry no debiera extrañarnos, es el mundo que les ha tocado vivir ese mismo que describíamos y que nosotros mismos hemos ayudado a “construir”. La voragine del día a día les arrastra y lleva a vivir vidas desenfrenadas y el acceso a bienes cada ves más asequibles a la juventud; lujos que ya nos quisiéramos los que vivimos el siglo veinte, les hace sentirse poderosos e inmunes a todo control e influencia del medio, un medio que ya está desviado, porque desde su nacimiento viene mal.

Hoy día esa droga que se veía tan lejana e inofensiva, afecta las decisiones de millones en el mundo y es moneda de cambio en algunos centros urbanos y países.

¿Que esperanza hay para el mundo ante un escenario así?

Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro, versa Pablo al verse enfrentado a sus miles de fantasmas y tentaciones y porque dicen que la luz ilumina más fuerte cuando el día es más oscuro. Pablo nos enseña que no importa lo grande del pecado, ni que tanto nos haya afectado este emocionalmente; sino que importa que tras este daño que ha provocado el enemigo no se vea mermado significativamente el nivel de la fe que profesamos y por consiguiente no sea detenida su obra en nosotros y por medio de nosotros”.

LuisVogt

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25.5.10

“Id, y haced discípulos a todas las naciones”

J. Driessen

(Mateo 28:19).

“He aquí va delante de vosotros a Galilea”

(Mateo 28:7).

En el norte del país, en Galilea de los gentiles, el Señor ha permanecido casi la totalidad del tiempo que ha estado sobre esta tierra. Primero en Nazaret, más tarde en Capernaum. De allí era también la mayor parte de los discípulos.

Allí habló el Señor la mayoría de Sus palabras e hizo también la mayor parte de Sus milagros. Tampoco es extraño que el corazón de los discípulos se sintiese cerca de aquella tierra, y sobre todo porque el Señor les había prometido que allí se les aparecería después de su resurrección. El Espíritu despertó en sus almas la necesidad de ver al Señor y estar con Él. Cuando el Pastor fue herido, las ovejas fueron dispersadas. Pero porque el Pastor los busca, también ellos buscan al Pastor, para permanecer unidos a Él. Los hijos de Dios pueden vagar como ovejas perdidas, que inconscientemente pierden a su Pastor, pero, sin embargo, el corazón siempre les arrastra nuevamente hacia el Pastor, porque el amor de Dios ha sido derramado en sus corazones por el Espíritu Santo, que les fue dado. Y en las tierras de Galilea abrió el Señor Su testamento para los discípulos. Un testamento con ricas promesas, pero también con un importante encargo: “Id, y haced discípulos a todas las naciones”.

¿Es esta una tarea para la que ellos están preparados?

Ellos no son más que sencillos pescadores. Apenas han visto algo del mundo. No saben idiomas, y todavía tampoco saben que el Señor un día les puede enseñar por medio de Su Espíritu.

¿Y qué pueden enseñar ellos? Incluso solo tuvieron tres años de enseñanza, y qué tardos fueron para comprender. Y sin embargo, tuvieron la mejor escuela que se puede imaginar, ya que el Señor

Mismo les enseñó, y la enseñanza que Él les dio, ha penetrado en su alma. Así lo que ellos oyeron y vieron, lo tienen que transmitir a los demás. “Id, y haced discípulos a todas las naciones”.

Con este mandato son enviados los discípulos por el Rey viviente. ¿Qué pueden hacer estos incultos galileos en ese piadoso mundo judío y en el mundo de la �� losofía griega? Si el Señor no les hubiera dicho: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18), podían quedarse en casa. Pero ahora el Señor va con ellos, y Él abrirá corazones, donde no se lo esperen.

Él por el poder del Espíritu Santo va hacer las almas sensibles a la Palabra, que ellos hablen, y a la enseñanza que ellos ofrezcan. Todos los poderes de la tierra juntos no tienen capacidad para convertir un pecador a Dios. Pero el poder, el poder divino del Mediador es su�� ciente para llevar la enseñanza de la Palabra hasta el corazón, de forma que vamos a creer a Dios en Su Palabra.

Vamos a creer que somos pecadores. Vamos a creer que hemos merecido castigos temporales y eternos. Y, milagro de la gracia, el Rey viviente nunca hace un trabajo a medias. Porque donde Él nos hace inclinar ante la sentencia de la Palabra, allí también nos hace ansiosos de la enseñanza absolutoria, según la salvación en Él, Quien vino para buscar y salvar lo que estaba perdido. No, el Señor no tiene necesidad de nosotros. Pero precisamente por eso es un honor, que Él te quiera comprometer con su Obra en el lugar donde Él te ponga: en la escuela, en el trabajo entre los colegas, como padre o madre en la familia, tal vez en una cama de enfermo o con una cruz muy importante, mientras al mismo tiempo eres un luchador ante el trono de Su gracia. Y donde realmente vivamos como creyentes, allí el mundo en el que nosotros vivimos lo notará. Entonces se verán los frutos de la fe y la conversión por la gracia de Dios.

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24.5.10

La cultura y los evangélicos- Rescatando espacios perdidos

Habíamos corrido toda la tarde aquel día del mes de octubre de 1984 para poder conseguir de parte de un grupo electrónico los instrumentos necesarios para montar una suerte de orquesta estable dentro del Primer Cantar Juvenil que habíamos decidido montar en nuestra iglesia, afortunadamente contábamos con el apoyo y entusiasmo que nos daba nuestra juventud y el ímpetu que solíamos impregnar en estas citas animaban al hermano más apático de la Iglesia Eben Ezer de Tomé. Pero la sesión de miembros de la iglesia había sido extremadamente “áspera” aquel domingo, puesto que algunos hermanos “en la dura” como dirían los jóvenes de hoy encontraban incorrecto que utilizáramos instrumentos “contaminados del mundo” dentro del templo, menos si iban a ser utilizados para alabar a Dios. Analizar hoy día, el grosso error cometido por la iglesia evangélica en America latina al alejarse de la cultura que conciente o inconcientemente se produjo hace más de 40 años, llegando al extremo de considerar todo lo que significara modernidad para el mundo como un pecado para la iglesia, ha costado caro y ha significado aislamiento, discriminación y enajenación de la misma dentro del mundo. Como que nos tomamos demasiado en serio el “librarnos de la levadura de los fariseos” olvidándonos por completo de la oración del Señor Jesús el cual no pidió que fuéramos quitados o sacados del mundo sino abogó encarecidamente que por el contrario al estar inmersos en el mundo fuéramos “guardados del mal”. Nos olvidamos de la parábola de la mujer que escondió levadura en una medida de harina la cual, dice la escritura, leudó toda la masa. A veces no entendemos cuanta verdad hay en las palabras del Señor al advertirnos de cuidarnos de la influencia del mundo, Dios trató de mostrarnos que fuéramos cautos pero en el sentido de procurar que nosotros afectáramos al mundo primero, y ¿Cómo?: involucrándonos en el, leudándolo; influyendo en todos sus ámbitos; en las artes, la política, el mundo social, en los medios de comunicación, etc. Hoy estamos invadidos por radios y estaciones de TV “cristianas”, que ni siquiera los cristianos se dan el tiempo de ver o escuchar, ¿Por qué se da este fenómeno hoy día?. Porque nos hemos aislado del mundo. En el afán de evitar ser contaminados por sus instrumentos, hemos dejado de usarlos y se los hemos entregado al mundo secular, hemos entregado el cultivo de las artes y la música, hemos cedido los medios de comunicación; nos hemos negado a la discusión por la coyuntura política y nos hemos enquistado en nuestros feudos “evangélicos” y al igual que incursiones indígenas salimos de cuando en cuando a hablar del evangelio sin provocar mayor impacto en la sociedad. Es dura la realidad hoy día y es duro reconocer los errores cometidos en el pasado, pero es más duro aún para los que son de Cristo, los que sienten arder en su corazón la llama de la urgencia del evangelio; los que reciben el genuino llamado de Dios y que ven más encima como en los mismos medios de comunicación evangélico se ha tergiversado la verdad, tornándola antojadiza y parcial; vemos como se ha tratado de encapsular la fe, al tañido incierto de las campañas pro-dinero para financiar las transmisiones de una determinada cadena de radios olvidando que del “Señor son la tierra y su plenitud” manteniendo los mal llamados ministerios de fe colocando al mismo Señor en una incómoda posición de ser poco visionario o cuidadoso al permitir levantarse estos ministerios sin procurar cuidar primeramente su futuro financiamiento o existencia. Por ello es importante cuidar las señales que vamos dejando en el camino, sentarnos como dice el evangelio a sacar cuentas primero y a no salir a la batalla con mil ante un ejército de diez mil; porque las consecuencias las paga la iglesia del Señor por nuestra imprevisión e improvisación. Sin visión no hay futuro, porque la falta de ella es sinónimo de pobreza espiritual. Dios jamás apoyará la improvisación, jamás apoyará una obra sin que haya primero una visión; la Biblia y la historia entera está llena de ejemplos de hombres visionarios que lograron afectar al mundo con su hacer, hombres que se atrevieron a confiar a Dios el cien por cierto de sus vidas, y que son los que al final hacen que las cosas pasen. No son los instrumentos lo que están contaminados dentro de la iglesia, es la iglesia misma la que al igual que el pueblo de Israel esperando a Moisés al pie del Sinaí debe cuidarse de no dar sonido incierto en su música. Necesitamos empoderarnos en el mundo, tomar el control de los medios, ir adelante en nuestra penetración de la sociedad, conquistarla para la gloria de Dios e ir a las mismas trincheras del enemigo a rescatar a aquellos soldados que son nuestros pero que han nacido cautivos o han sido capturados por el enemigo. Conseguir que en las ciudades se vayan abriendo espacios de penetración para compartir la verdad y conseguir con ello leudar “toda la masa”. Como iglesia de Cristo ese debe ser nuestro propósito, nuestra razón de ser, nuestra tarea, y en ella no debemos cejar ni claudicar, no podemos seguir entregando nuestros instrumentos al enemigo porque este ha demostrado ser más diestro que nosotros en su uso y no ha desaprovechado las ocasiones que nosotros mismos le hemos brindado, debemos recuperar el terreno y como fieles soldados ir en pos del Rey de reyes que va delante luchando con nosotros y por nosotros.

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19.4.10

EL CRECIMIENTO DE LA IGLESIA EN AMERICA LATINA

Al analizar las estadísticas recogidas que mencionan los índices de crecimiento de la iglesia evangélica en América Latina nos podríamos sentar en nuestros cómodos sillones de líderes o pastores hinchando nuestro corazón de orgullo al ver que el grado de crecimiento porcentual con respecto a las demás iglesias es muy superior. Se habla de iglesias con miles de miembros, de reuniones de avivamiento, del nacimiento de cientos de radios cristianas y canales cristianos de televisión, en los cuales se puede ver como “hermanos evangélicos” predican con denuedo la palabra y exhortan a los muchos al conocimiento de Dios y al arrepentimiento. Pero…ha pensado Ud. ¿Cuál es el tipo de personas que se confiesan auditores y televidentes de dichas estaciones? ¿Es acaso el mensaje que se entrega a través de estos medios eficaz para derrotar el pecado que tiene cautivos a los miles de hombres y mujeres que habitan nuestro continente? ¿El lenguaje que se utiliza en estas transmisiones es el adecuado para la audiencia inconversa que pretendemos alcanzar? Mucho me temo que estamos muy lejos de acercarnos siquiera al oído del necesitado, ello porque lamentablemente la mayoría de quienes dirigen y trabajan en estos medios no cuentan con la preparación adecuada para hacer efectivo este mensaje; también porque equivocadamente las iglesias han hecho de la radio y la televisión una extensión del culto de sus congregaciones, sin mencionar que el nivel de estudios presentados no hace más que confundir a los inconversos ya que en una mañana de audiciones de las diferentes iglesias que disponen de un espacio al aire podemos advertir diferente tipo de enseñanzas que van, por ejemplo desde estudios acerca del milagro del pan y los peces hasta visiones proféticas apocalípticas que llaman a estar preparados a fin de no sufrir de la condenación eterna. Mención aparte damos al uso del lenguaje usado, que más que ser un medio de entregar conocimientos se ha transformado en un dialecto propio de la iglesia evangélica poco o nada entendido por el hombre común. Se abusa de términos tales como “siervo”, “hermano”, “ovejas”,etc. que si bien estos son bien entendidos por los miembros de la iglesia, olvidamos que nuestro principal objetivo es alcanzar a lo inconversos para el Señor; la gran comisión nos habla de “ir por todo el mundo…” no dice mantened, o alimentad al mundo evangélico… nuestra responsabilidad es con el mundo que nos rodea, con aquel donde el lenguaje es otro, donde impera la violencia y el engaño, y para llegar a el necesitamos doblar la rodilla y ceñirnos de la armadura de Dios. Las estadísticas hablan de evangélicos, pero nada nos dice de “cristianos evangélicos”. Si consideramos en esta calidad de cristianos a verdaderos seguidores de Jesucristo, veríamos que estas bajarían dramáticamente en su índice de crecimiento, y nuestro optimismo ya no sería el mismo. No podemos solamente actuar políticamente en la forma de ver el crecimiento comparativo de las iglesias evangélicas, ello porque resulta “políticamente incorrecto” ver con optimismo este crecimiento sin advertir que la verdadera iglesia “la iglesia del Señor no está creciendo en la misma proporción. No debemos quedarnos con la misión de llenar la iglesia de “llamados” solamente, debemos procurar que se alleguen a esta los “escogidos”, recordemos que la tarea de crecimiento es fruto del amor con que emprendemos las primeras acciones de esta gran comisión, debemos actuar con el espíritu pero también con inteligencia (entendimiento), debemos preparar a nuestros obreros y plantar iglesias llenas del conocimiento, preparar nuestros líderes y animarles a buscar la sabiduría de Dios primeramente, esa que sobrepasa todo entendimiento, lo dijo Pablo “Yo planté, Apolos regó pero el crecimiento lo da el Señor” (1 Co. 3:6) Cuando como líderes y pastores entendamos esto, entonces solo entonces, podremos entregar un mensaje efectivo, entonces nuestros esfuerzos en los medios serán recompensados, pero no en afán de abrir nuevas radios evangélicas o nuevas estaciones de televisión “cristianas” sino en inundar los medios masivos existentes del mundo mal llamado “secular” y hacer brillar en ellos la Palabra de Dios, recuperando estos espacios del arte y la comunicación que nosotros mismos perdimos un día al alejarnos equivocadamente de ellos por temor a “contaminarnos con el mundo” . Dios jamás nos ordenó alejarnos del este, es más Cristo oró por nosotros ante el Padre diciendo “… no ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”(Juan 17:15) . Nuestra tarea y misión suprema es en este mundo, aquel que por años las iglesias evangélicas trataron de evitar por miedo a ser arrastrados por el, donde el único organismo llamado a ser catalizador de la sociedad que vivimos, a ser el ente transformador es la iglesia de Cristo. Debemos entonces levantarnos de nuestros sillones y volvernos a El; ceñirnos de nuestra armadura y disponernos como obreros a trabajar a fin de alcanzar a los perdidos, porque estos necesitan con urgencia hoy ser hallados. LVogt-Feb2009 luis.vogt@gmail.com

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